viernes, 4 de mayo de 2012

¿Dónde existimos...?

Las relaciones sociales son difíciles, mucho, demasiado difíciles incluso. Esto me lo he dicho muchas veces, y también a las personas que me rodean, que me rodean de verdad, no a esas que están tan sólo a mi alrededor. Se lo he contado a las personas con las que realmente hablo de sentimientos, con las que comparto realmente pareceres, a quienes libremente digo lo que pienso, siento y cómo lo siento; o incluso por qué lo siento o pienso, cuando eso sea posible, claro. Ahora lo digo también aquí... ¿¿por qué?? Porque también aquí me siento libre para decir lo que pienso, siento, y cómo lo pienso; porque quien me lea aquí, seguro que lo hará por algo, seguro que también le interesa saber qué pienso. Es cierto,y todos sabemos, que en la Red a veces los textos, las palabras... llegan a nuestras manos por casualidad, sin quererlo, sin buscarlo. Pero caen, a veces las palabras llegan a nosotros. Para aquellos que me lean por simple casualidad, también me muestro dispuesta a confesarles cómo siento; porque si me continúan leyendo, es porque también les está interesando. Claro que esto da mucho que pensar. Podría escribirse todo un ensayo, y más aún, sobre lo que Internet hace con nuestras vidas, con nuestros sentimientos, cómo altera el orden en que pensamos, en que nos conocemos, en que nos relacionamos. Si yo afirmaba que las relaciones sociales eran difíciles, no sé si el poder hablar sin contacto físico, pero en tiempo real, el poder establecer conversaciones largas, tanto como queramos, a la distancia que queramos, desde el punto que elijamos... no sé si esto hace que la cosa sea más fácil, pero, desde luego, seguro que altera el orden en que las cosas suceden. Me pedían hoy palabras, me pedían hoy explicaciones, qué me pasaba por la mente, qué estaba sintiendo estos días... Pues bien, aquí estoy para darlas. Porque quiero, claro. Estos días estoy pensando en qué personas queremos a nuestro lado, en qué personas busca una psicología lógica para tener a su lado. Pero, mejor dicho, lo que pienso es qué personas quiero a mi lado. O, incluso, mejor, qué personas tengo a mi lado. Tengo a mi lado a las personas que quiero, a las perosnas que quieren estar a mi lado, tengo a mi lado a esas personas con las que me siento cómoda, con las que no tengo que dar explicaciones continuamente porque me conocen, porque por conocerme tanto perdonan mis defectos y aprecian mis virtudes, porque me conocen en conjunto, porque conociendo mis virtudes pueden enmendar y disculpar a mis defectos.. Tengo a mi lado a esas personas a quienes veo por la mañana y por la noche, por la tarde cuando estoy sin peinar, por las noches en pijama, por las mañanas cuando me levanto, a esas a las que no les importa que un día tenga mal humor, que incluso discuten conmigo para que yo mejore. Quien está a mi lado, es quien quiere estar. Esas son las que están, somos las que estamos. Pero, ¿¿qué pasa con las nuevas personas, con las que van entrando en nuestras vidas y aún no conocemos?! Cómo y, sobre todo, cuándo las clasificamos. ¿¿En qué momento se determina en qué grupo están!? Yo diría que eso se determina por la forma en que te comunican algo que has hecho mal. Cuando alguien te critica puedes darte cuenta de muchas cosas: la primera, que se atreve a criticarte; lo que te lleva a plantearte cuál es us objetivo; y en qué modo te lo dice, eso lo marca todo. Eso marca si te lo dice para que tú mejores, en privado, de forma discreta, con sutileza, para que no te haga daño, o, de lo contrario, te lo dice para humillarte delante de más gente. Se advierte también si te lo dicen en un tono despectivo o cariñoso, si cuidan de no hacerte daño, si a pesar de quererte mucho, quieren arriesgarse para que tú mejores... Es en ese momento en el que se determina todo. Y bueno, lo que en realidad empecé diciendo era sobre las relaciones sociales en Internet. A veces, eso de escribir y escribir en un ordenador no es más que una forma de decirnos cosas a nosotros mismos, casi deseando a veces que nadie lo reciba, que nadie conteste, que nadie responda. De hecho, muchas veces ni siquiera se lanzan preguntas. Es una forma simplemente de ser quienes somos, quienes verdaderamente seríamos si la realidad no nos limitara. Pero la realidad es la que es, y si no tuviera límites dejaría de ser realidad. Con esto quiero decir que Internet no es la realidad, que la mayoría de las veces lo que escribimos no somos nosotros, sino lo que nosotros querríamos ser; quiero decir que no debemos confundirnos, que nuestro campo de juego es la vida, la cotidiana, aquella en que nos levantamos con legañas, con ojeras, con mal humor; la realidad es aquella en que discutimos, gritamos, incluso, a veces, lloramos. Pero también la realidad es aquella donde reímos, donde cantamos, mejor o peor, donde bailamos, mejor o peor, donde nos expresamos. Lo escrito puede ser bonito, tanto como otro tipo de arte; pero nunca hay que olvidar que nuestras palabras no son nuestra vida; las palabras, las notas musicales, las pinturas de los cuadros, los versos, las rimas... son sólo nuestra escapatoria, ese hueco que le queda al alma, donde se escapa de vez en cuando para respirar, para volar, para olvidarse de su cuerpo, de su límite. Pero siempre, tras las palabras, tras la música, tras la pintura... está, y muy afortunadamente, nuestra vida. Todo esto viene a raíz de un libro magnífico que he leído en un sólo día (y que, como queda demostrado, me ha dado qué pensar): "Contra el viento del Norte", de David Glattauer. Cuenta una historia entre dos extraños. Una historia a través de Internet, casual, ninguno de ellos se estaba buscando, aunque sí que, cada uno a su manera, buscaba una escapatoria, estaba predispuesto a dejarse atrapar, imbuir, necesitaba un mundo, otro, otro diferente a ese cotidiano. Dos seres infelices que se encontraron por casualidad y dieron rienda suelta a todo eso que sentían por dentro, hablando un diálogo que era casi un diario. Una relación donde la vida cotidiana estaba de más, una relación donde sólo importaban los sentimientos, la mente, el pensamiento, lo que uno es por dentro. Y la Historia es muy bella, bonita, preciosa, magnífica, los sentimientos fluyen por las letras de forma desmedida, es realmente fascinante y conmovedor. Su historia romántica nunca acaba de empezar, pero tampoco nunca acaba de terminar. Una relación que se dilata en el tiempo, siempre uno teniendo dentro al otro, siempre presentes en el pensamiento... Algo totalmente irreal, ilusorio y, por ello, bonito, perfecto. Pero yo objetaría algo a esta relación tan perfecta, tan redonda, tan romántica...¿Qué pasará cuando ese ideal del otro también coma, beba y se atragante, hable y se equivoque, corra y se tropiece, cante y desafine, asegure y se equivoque...? ¿Qué pasará?¿Qué pasará entonces? Lloraremos porque se ha roto el encanto, o, ¿quizás, una vez superada la etapa de compartir los sentimientos, la vida cotidiana será lo de menos? Sucederá que, una vez "coordinados" los sentimientos, lo demás será más fácil? ¿Qué es más fácil: la vida cotidiana, física, sensorial, de los sentidos, o esa vida donde existen y se mueven nuestros sentimientos? Qué es más difícil coordinar? Yo no lo sé, pero me atrevería a decir que lo segundo es más fácil. Me atrevería a decir que en los sentimientos, o lo que es la teoría en palabras, todos somos iguales, o sumamente parecidos, y diría también que el sentir de un modo u otro viene casi determinado por nuestra experiencia, por nuestras vivencias y lo que la inteligencia haya hecho de ellas. En cambio, la vida cotidiana es otra cosa. Perdonar un retraso, justificar un comentario desafortunado, perdonar un engaño, comprender un descuido, disculpar un error, limpiar una herida, besar unos labios imperfectos, acariciar una piel envejecida, desgastada, abrazar una piel curtida, vivida, gastada, admirar unos ojos cansados, seguir esperando el misterio de aquello que de tanto conocer ya nunca podrá sorprendernos, besar, después de haber besado mucho, como si fuera la primera vez... eso no depende de la teoría, ni se resuelve con palabras y explicaciones... Esas son cosas, verdaderamente, y más, mucho más que las palabras, esas son cosas que nacen del corazón. Es ahí donde demostramos quiénes somos, ahí, en la vida cotidiana, ahí lo demostramos, en los gestos, en las actuaciones espontáneas, ahí demostramos, en la permanencia, en el seguir estando, por ahora y para siempre; en las palbras, sólo explicamos. Y eso pueden hacerlo todos los parlantes. En la espontaneidad es donde demostramos, es donde, finalmente, amamos. Buenas noches. Por supuesto, se lo dedico a una persona con la que comparto ambas cosas: palabras, explicaciones y sentimientos, porque la distancia o el menor tiempo juntas nunca impedirá que estemos de acuerdo en tantas cosas... Creación propia

1 comentario:

Cristina dijo...

Patri me ha encantado lo que has escrito! ¡qué bonito y qué verdad a la vez!

Yo, que me embeleso con las palabras (esto siempre me ha pasado desde que tengo uso de razón), que soy capaz de quedarme despierta hasta las 3 de la mañana porque tengo que leer un libro y me importa poco mientras pasa páginas la "dichosa" oposición. Yo, muchas veces vivo más en ellas, en las palabras, que en la realidad. A lo mejor por eso me gustó tantísimo el libro (las dos partes) porque es una historia de amor con "palabras", a ver si me explico, es una historia de amor casi "a las palabras".

En un correo él la dice a ella (ya conoces de sobra mi manía de apuntar y apuntar frases, ésta es una): "Escríbeme Emmi. Escribir es como besar, pero sin labios. Escribir es besar con la mente". Y me pareció genial, genial, genial. Una frase tan, tan, tan... ;)

Por eso tenía que compartir el libro contigo. Por eso se lo tenía(mos) que regalar a Ale. Por eso, porque necesitaba compartirlo con personas que entendieran que te puedes enamorar de las palabras y sabía que vosotras lo ibáis a entender.

¡Madre mía me he enrrollado un montón! pero bueno así contesto también a tu correo que lo acabo de leer... Es un comentario casi entrada de blog jaja. No lo publiques si no quieres con que lo leas tú me vale jeje :)

Y una última cosa: La distancia no hace efecto con nosotras (¡ah, que se creía! y nos vemos y es como si no pasara el tiempo y hay la misma confianza y las mismas locuras y las mismas ganas de compartir charlas y ¿por qué no? compartir PARAGUAS Y AZÚCAR jeje.

Porque tenemos suerte de compartir libros, música, PALABRAS...
Pero también hemos compartido caras de recien levantadas, problemas más y menos serios, enfados y ganas de morderle un ojo a alguien... jajaj

Así sí, estamos de acuerdo en tantas cosas!! :)

un beso patriuska!!